by Yan Garcia Simonovich
Por Yan Garcia Simonovich

La certificación es un reconocimiento a los esfuerzos de pescadores, científicos y autoridades de España y Portugal por garantizar la recuperación y gestión sostenible de la especie
Caminar por las callecitas de Matosinhos, ciudad pesquera en la costa norte de Portugal, es una experiencia que huele a mar y a brasas. El aire se impregna del humo de las parrillas y del crepitar de los mariscos al fuego, que invitan al viajero a disfrutar de una de sus grandes protagonistas: la sardina.
Podría haber sido un día más en el bullicioso puerto de Matosinhos, uno de los más activos del Atlántico. Pero no lo es. Hay un motivo más para celebrar: la pesquería de la sardina ibérica (Sardina pilchardus), capturada con arte de cerco, ha recuperado, tras una década, el codiciado sello azul del Marine Stewardship Council (MSC). De este modo, esta especie recupera este distintivo que garantiza a los consumidores que fue capturada bajo prácticas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Una excelente noticia para el sector pesquero de Portugal y España.
Las flotas del cerco española, a través de la Asociación de Organizaciones de Productores de Pesca del Cantábrico (OPP Cantábrico), y portuguesa, liderada por la Associação Nacional das Organizações de Produtores da Pesca do Cerco (Anopcerco), superaron esta rigurosa evaluación independiente, iniciada en septiembre de 2024, y que cumple con los tres principios fundamentales del estándar MSC: buena salud de la población, mínimo impacto en el ecosistema marino y una gestión eficaz y transparente de la pesquería.

Revalidar el compromiso con el mar
Con esta certificación, la demanda se multiplica, sobre todo en los países nórdicos y en Estados Unidos, que exigen el sello azul por los criterios de sostenibilidad que lo avalan. Por ello, se prevé un ligero incremento del precio del producto.
Pero más allá del impacto económico, esta certificación aporta un valor significativo en términos de credibilidad y reputación. Así lo explica Alberto Martín, director de MSC en España y Portugal: “Para los pescadores es una licencia social. Es una forma de mostrar a sus comunidades y a la Unión Europea que pescan de manera sostenible y que una entidad independiente lo respalda”. Martín también destacó que este sello no solo acredita buenas prácticas, sino “un ejercicio de transparencia en función de las necesidades ecosistémicas”.
Por su parte, la secretaria general de Pesca de España, Isabel Artime, celebró la cooperación entre ambos países: «España y Portugal no solo comparten el mar, sino también la posibilidad de conservarlo y conservar sus recursos». Artime subrayó que el acuerdo entre 317 embarcaciones y 15 organizaciones de productores desde 2021 ha sido clave para lograr esta certificación.
Con el Sello Azul, la sardina ibérica se suma a la sardina de Cornualles, en el sur de Inglaterra, la única que contaba con la distinción, basada en un indicador científico de pesca sostenible. Pero hay otros productos, además de esta especie, que gozan del sello azul en España: es el caso del bonito del norte, del atún rojo, del pulpo de Asturias o de la anchoa del Cantábrico.

Del mar a la mesa: un viaje con sabor a tradición
Charlar con los patrones de barcos certificados, recorrer el puerto en plena ebullición, visitar la lonja y acabar en una fábrica de conservas. Matosinhos invita a sumergirse en la cultura de la sardina, a seguir el camino completo desde que sale del mar hasta que llega a la mesa.
Porque la sardina ibérica es mucho más que un pescado. Es parte de una identidad compartida entre España y Portugal, un ícono presente en fiestas populares, en las brasas y en las latas de conserva, además de ser un alimento esencial. Tanto es así que Portugal es el país europeo que más pescado consume por persona; la venera tanto como al bacalao. Mientras que en España, la sardina es igualmente crucial: la especie recientemente certificada habita las aguas de la costa cantábrica, Galicia, Portugal y el golfo de Cádiz, desde el río Bidasoa hasta el estrecho de Gibraltar.
Compromiso a largo plazo
Aunque parezca que con la obtención del Sello Azul se llega al final del camino, por el contrario, la dificultad no está solo en obtenerlo, sino en conservarlo. Un ejemplo claro es el de la sardina portuguesa, que ya había conseguido el reconocimiento en 2010, aunque lo perdió cinco años después tras caer la biomasa. Por eso, la recuperación de la certificación ha sido vivida con gran entusiasmo. «Esto no es fruto de una buena marea, sino del esfuerzo y la competencia del sector. Necesitamos asegurar ingresos para nuestros pescadores y garantizar el relevo generacional», declaró el ministro de Agricultura y Pesca portugués, José Manuel Fernandes.

Un futuro (azul) por escribir
El trabajo de aquí en adelante no cesará, ya que para conservar la certificación, la pesquería deberá someterse a auditorías anuales y aplicar mejoras concretas, como aumentar la presencia de observadores independientes y reforzar los sistemas de control. Además, en colaboración con la Universidad de Vigo y el Instituto Português do Mar e da Atmosfera (IPMA), se desarrollarán nuevos modelos de gestión que incorporen una visión ecosistémica, más allá del recurso en sí.
El impacto del sello va más allá de lo económico: también es una herramienta en la lucha contra el cambio climático. Una pesquería con poblaciones sanas es más resiliente frente a las variaciones ambientales. “Si el stock es pequeño, el estrés del cambio climático se multiplica. Una gestión sostenible asegura que la sardina pueda reproducirse incluso en escenarios de presión ambiental”, explica Martín.
Así, la sardina ibérica recupera una distinción que garantiza a los consumidores que su captura se realizó bajo prácticas responsables y respetuosas con el entorno. El reconocimiento se otorga tras un riguroso proceso de auditoría liderado por científicos y expertos independientes. Tiene una validez de cinco años, pero con revisiones anuales que pueden revertir la certificación si no se cumplen los compromisos asumidos.
“Hace un par de décadas no teníamos la conciencia medioambiental que tenemos en la actualidad”, cierra Alberto Martín. Es verdad, ahora la historia es otra, y este hito no solo certifica la recuperación de la especie y su papel fundamental, sino que también confirma que la pesca sostenible ya no es una promesa, sino una realidad consolidada, fruto del compromiso del sector y avalada por el merecido Sello Azul.
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