Categories: Destinos & Planes

by Laura GªMorey

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Por Laura GªMorey

Mons, Valonia.

Antiguas explotaciones convertidas en museos, canales históricos, arte contemporáneo, oficios centenarios y ciudades como Mons, Charleroi y Lieja dibujan una ruta diferente por el sur de Bélgica.

Valonia, al sur de Bélgica, ha sabido transformar las huellas de su pasado industrial en parte de su presente y de su futuro. Durante décadas fue uno de los grandes motores económicos de Europa y hoy esa herencia se ha convertido en una de las señas de identidad de la región y en una forma diferente de recorrerla.

El carbón, la siderurgia, el cristal y la cerámica determinaron durante décadas el crecimiento de sus ciudades y la vida de miles de trabajadores. Hoy, las minas han cerrado y buena parte de aquella industria ha desaparecido, pero su legado continúa formando parte del paisaje y Valonia ha sabido encontrar nuevas formas de conservarlo y darle vida.

Antiguas explotaciones mineras son ahora museos y centros de arte, mientras los canales por los que viajaban el carbón y las mercancías se recorren a pie o en bicicleta. Las viejas escombreras se han transformado en colinas cubiertas de vegetación y algunas manufacturas históricas continúan trabajando para mantener vivos oficios transmitidos durante generaciones.

Viajar por Valonia permite así descubrir un territorio donde pasado y presente conviven de forma natural y donde el patrimonio industrial se ha convertido en otra manera de acercarse a la historia, la cultura y el paisaje de la región.

Mons, Valonia. Bélgica.

Mons, Valonia. Bélgica. / Laura G.Morey

Grand-Hornu: cuando una mina se convierte en arte

A pocos kilómetros de Mons aparece uno de los mejores ejemplos de esta transformación. Grand-Hornu fue uno de los grandes complejos mineros construidos durante la Revolución Industrial y hoy forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Su arquitectura neoclásica rompe con la imagen que uno podría tener de una antigua explotación de carbón. Grandes patios, edificios perfectamente ordenados y antiguos espacios industriales permiten imaginar la importancia económica que llegó a alcanzar este lugar.

Las galerías y dependencias vinculadas durante décadas a la minería tienen ahora una segunda vida, ya que el complejo alberga el MACS, Museo de Arte Contemporáneo, y el CID, Centro de Innovación y Diseño. El contraste resulta especialmente atractivo: arte y diseño contemporáneo ocupan hoy espacios donde durante generaciones todo giró alrededor del carbón.

Grand-Hornu resume así buena parte del espíritu de este viaje, en el que no se trata de borrar aquello que existió, sino de encontrar una nueva forma de conservarlo y volver a habitarlo.

Grand Hornu, Patrimonio de la UNESCO. Valonia, Bélgica.

Grand Hornu, Patrimonio de la UNESCO. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Canales que cuentan la Revolución Industrial

El paisaje industrial valón también se entiende siguiendo el agua. El Canal histórico del Centro y sus espectaculares ascensores hidráulicos para barcos recuerdan una época en la que transportar carbón y mercancías resultaba imprescindible para alimentar el crecimiento industrial de Europa.

Estas enormes estructuras de ingeniería permitían salvar los desniveles del terreno elevando literalmente las embarcaciones de un tramo del canal a otro. Hoy siguen formando parte del paisaje, aunque el entorno se descubre de una manera muy diferente.

Caminantes y ciclistas avanzan junto al agua entre antiguas infraestructuras industriales y una vegetación que ha ido recuperando espacio con el paso del tiempo. El canal permite comprobar una vez más cómo una infraestructura concebida para la industria puede encontrar una nueva función sin perder la memoria de aquello para lo que fue construida.

Ascensores hidráulicos. Canal du Centre. Valonia

Ascensores hidráulicos. Canal du Centre. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Mons, una ciudad con siglos de historias superpuestas

Mons supone un cambio de escenario. Capital de la provincia de Hainaut, su historia permite entender que el pasado de esta parte de Bélgica comenzó mucho antes de la Revolución Industrial.

Su desarrollo está estrechamente relacionado con Sainte-Waudru —Santa Valdetrudis—, figura religiosa del siglo VII alrededor de la cual fue creciendo el núcleo que acabaría convirtiéndose en la ciudad. Siglos después, Mons adquirió importancia como centro político y urbano de Hainaut, dejando tras de sí un patrimonio que todavía puede recorrerse a pie.

El mejor lugar para comenzar es su Grand-Place, rodeada de fachadas de diferentes épocas y estilos, desde el gótico hasta el neoclásico, y convertida todavía hoy en el gran salón de la ciudad. Allí destaca el Ayuntamiento, levantado en el siglo XV, y su pequeño mono de hierro, el Singe du Grand Garde, que según la tradición concede buena suerte a quien lo acaricia con la mano izquierda.

Ayuntamiento de Mons, en la Grand Place. Valonia, Bélgica.

Ayuntamiento de Mons, en la Grand Place. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Desde la plaza, las calles del casco antiguo conducen hasta uno de los grandes símbolos de Mons: su campanario barroco, el único de este estilo en Bélgica y reconocido por la UNESCO desde 1999. Se levanta, además, sobre el lugar que ocupó antiguamente el castillo de los condes de Hainaut.

Campanario barroco de Mons. Valonia, Bélgica.

Campanario barroco de Mons. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Muy cerca se encuentra la monumental Colegiata de Sainte-Waudru, cuya construcción comenzó en 1450 y se prolongó hasta el siglo XVII. Sus 29 capillas, vidrieras, esculturas y reliquias recuerdan el enorme peso religioso que tuvo la ciudad, mientras que entre sus tesoros se conserva el famoso Car d’Or, protagonista cada año de una de las tradiciones más queridas de Mons.

Colegiata Sainte Waudru, de estilo gótico brabante, edificada del s. XV al s. XVII de Mons. Bélgica.

Colegiata Sainte Waudru, de estilo gótico brabante, edificada del s. XV al s. XVII de Mons. Bélgica. / Laura G.Morey

Colegiata Sainte Waudru, de estilo gótico brabante, edificada del s. XV al s. XVII de Mons. Bélgica. / Laura G.Morey

Colegiata Sainte Waudru, de estilo gótico brabante, edificada del s. XV al s. XVII de Mons. Bélgica. / Laura G.Morey

Se trata del Doudou, la gran celebración local, durante la cual San Jorge vuelve a enfrentarse simbólicamente al dragón ante miles de personas y cuya tradición está reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.

Pero Mons no vive únicamente de su pasado medieval. Su posición estratégica hizo que la ciudad y sus alrededores fueran escenario de acontecimientos importantes durante las dos guerras mundiales y, a pocos kilómetros, en el Borinage, se escribió otro capítulo muy diferente de su historia. Entre 1878 y 1880, Vincent van Gogh vivió entre las comunidades mineras de Wasmes y Cuesmes, una etapa decisiva en su transformación de predicador en artista.

En 2015, Mons volvió a situarse en el mapa cultural europeo como Capital Europea de la Cultura, un impulso que todavía se percibe en sus museos, instalaciones y arte urbano, con más de un centenar de murales repartidos actualmente por la ciudad y sus alrededores.

Mons se convierte así en una pequeña síntesis de Valonia, donde la ciudad medieval, industrial, artística y contemporánea conviven en apenas unos kilómetros.

Arte Urbano en Mons. Bélgica. / Laura G.Morey

Arte Urbano en Mons. Bélgica. / Laura G.Morey

Charleroi: belleza donde antes solo se veía industria

Si Mons permite viajar entre diferentes épocas, Charleroi muestra de forma especialmente evidente la transformación de la Valonia industrial. Durante décadas, el carbón y la siderurgia definieron su paisaje, pero aquel escenario aparentemente áspero se ha convertido hoy en parte de su personalidad.

Uno de los lugares imprescindibles para entender esta historia es Bois du Cazier, en Marcinelle. La antigua explotación minera conserva la memoria de uno de los episodios más dolorosos de la historia industrial europea: en 1956, un incendio subterráneo provocó la muerte de 262 trabajadores de doce nacionalidades, muchos de ellos inmigrantes italianos que habían llegado a Bélgica para trabajar en las minas.

Recorrer hoy sus instalaciones permite acercarse a una industrialización que no puede entenderse únicamente a través de cifras, máquinas o niveles de producción, porque aquí la historia adquiere una dimensión profundamente humana.

Bois du Cazier, Charleroi. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Bois du Cazier, Charleroi. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Bois du Cazier, Charleroi. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Bois du Cazier, Charleroi. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

El paisaje que rodea Charleroi cuenta después otro capítulo. Los antiguos terriles, montañas artificiales creadas con los residuos extraídos de las minas, aparecen ahora cubiertos de vegetación y ofrecen desde sus cimas una perspectiva diferente de una ciudad que continúa transformándose.

Rutas como La Boucle Noire atraviesan estos escenarios mezclando patrimonio industrial, barrios, naturaleza y biodiversidad. Caminar sobre aquello que un día fue residuo de la actividad minera y que hoy forma parte del paisaje es probablemente una de las imágenes que mejor resumen la transformación de Valonia.

De la cerámica al cristal: oficios que sobrevivieron a las fábricas

No toda la historia industrial de Valonia se escribió bajo tierra. En La Louvière, Kéramis recupera la tradición cerámica de una ciudad cuyo desarrollo estuvo profundamente ligado a esta industria y permite acercarse tanto a su dimensión histórica como al diseño y la creación contemporánea.

Antigua fabrica Boch Keramis. Valonia. Bélgica

Antigua fabrica Boch Keramis. Valonia. Bélgica. / Laura G.Morey.

Horno botella. Antigua fabrica Boch Keramis. Valonia. Bélgica. / Laura G.Morey.

Horno botella. Antigua fabrica Boch Keramis. Valonia. Bélgica. / Laura G.Morey.

Más al este, en Seraing, el cristal se convierte en protagonista. La histórica Val Saint-Lambert, fundada en 1826 y que este año celebra dos siglos de trayectoria, mantiene vivo uno de los grandes saberes artesanales de la región.

Ver trabajar a sus maestros vidrieros permite comprender todo lo que se esconde detrás de una pieza de cristal: fuego, precisión, experiencia y años de oficio. El vidrio incandescente va tomando forma ante los ojos del visitante mediante técnicas que han conseguido sobrevivir en pleno siglo XXI.

Es otra manera de conservar el patrimonio, manteniendo vivo el conocimiento que dio sentido a estos lugares en lugar de limitarse a mostrarlo detrás de una vitrina.

Museo de Vidrio Val Saint-Lamber. Valonia, Bélgica.

Museo de Vidrio Val Saint-Lamber. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Lieja, entre la herencia industrial y la vida urbana

El recorrido desemboca en Lieja, la cité ardente, una ciudad que conserva el carácter industrial de Valonia y lo combina con una intensa vida urbana.

Su imagen contemporánea está inevitablemente ligada a la espectacular estación de Liège-Guillemins, diseñada por Santiago Calatrava, cuya enorme estructura de acero y vidrio se ha convertido en una de las grandes puertas de entrada a la ciudad y en un símbolo de su transformación.

Estación de Lieja, Guillemins diseñada por Santiago Calatrava. Bélgica

Estación de Lieja, Guillemins diseñada por Santiago Calatrava. Bélgica. / Laura G.Morey

Lieja, Valonia (Bélgica).

Lieja, Valonia (Bélgica). / Laura G.Morey.

Parque de la Boverie. Lieja, Valonia, Bélgica.

Parque de la Boverie. Lieja. Bélgica.

Pero Lieja se descubre también a ras de calle, entre mercados, cafés, museos y restaurantes en una ciudad donde la gastronomía ocupa un lugar importante. Aquí merece la pena probar los tradicionales boulets à la liégeoise, dejar sitio para un auténtico gofre de Lieja y descubrir alguna de las numerosas cervezas belgas que acompañan el recorrido por la región.

Boulets à la liégeoise, abóndigas de Lieja. Valonia, Bélgica.

Boulets à la liégeoise. Albóndigas de Lieja. Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

Gofres de Lieja. Valonia, Bélgica.

Gofres de Lieja. Valonia, Bélgica.

Es una forma muy distinta de cerrar un viaje que comenzó entre minas y antiguos complejos industriales y que termina alrededor de una mesa, descubriendo otra de las facetas de la identidad valona.

Otra forma de descubrir Bélgica

Valonia quizá no sea la primera región que aparece cuando se piensa en una escapada a Bélgica y precisamente ahí reside parte de su atractivo. Su fuerza está en los contrastes y en la convivencia entre palacios urbanos y minas de carbón, arte contemporáneo y viejas fábricas, ciudades históricas y terriles conquistados por la naturaleza.

La región ha conseguido transformar su pasado sin ocultarlo. Donde antes hubo carbón hoy puede encontrarse un museo, las antiguas escombreras se han integrado en el paisaje, algunas fábricas han renacido como espacios creativos y los canales industriales ofrecen ahora kilómetros de rutas para caminar o pedalear.

Y quizá esa sea una de las mejores razones para viajar hasta aquí: Valonia no ha borrado las cicatrices de su historia, sino que ha aprendido a integrarlas en el paisaje y convertirlas en parte de su identidad.

Castillo de Seneffe en Valonia, Bélgica.

Castillo de Seneffe en Valonia, Bélgica. / Laura G.Morey

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