by Laura GªMorey
Por Laura GªMorey

Frente al Atlántico, este Relais & Châteaux de Portimão combina historia, diseño, bienestar y una gastronomía con estrella Michelin en una escapada pensada para reconectar con el placer de cuidarse.
Dormir frente al mar, desayunar sin mirar el reloj, reservar un masaje, caminar por la playa y terminar el día con una cena que recorre los sabores del Algarve. No hace falta mucho más para entender la filosofía de Bela Vista Hotel & Spa, un hotel boutique de cinco estrellas situado sobre Praia da Rocha, en Portimão, donde el lujo se aleja de la ostentación y se acerca mucho más al bienestar, a la belleza y al tiempo dedicado a uno mismo.

Pertenece a Relais & Châteaux, pero mantiene una personalidad muy propia, marcada por la historia de la casa en la que se encuentra. Antes de convertirse en hotel fue la residencia de António Júdice de Magalhães Barros, empresario de la industria conservera y del corcho, cuya familia bautizó la vivienda como Vila Nossa Senhora das Dores, reflejo de sus profundas convicciones religiosas. No sería hasta 1934 cuando aquel palacete familiar se transformaría en uno de los primeros hoteles del Algarve y adoptaría el nombre de Bela Vista.
Desde entonces, el edificio ha sabido evolucionar sin perder sus raíces. La interiorista portuguesa Graça Viterbo fue la encargada de reinterpretar sus espacios, respetando muchos de los elementos originales y construyendo una estética en la que conviven historia, color y una cierta irreverencia decorativa.


Una casa en la que cada detalle cuenta
Recorrer el Bela Vista significa descubrir pequeños fragmentos de su pasado casi a cada paso. La escalera original de madera, los azulejos portugueses repartidos por distintos rincones, las lámparas art déco, los techos pintados y los muebles de época conviven con piezas contemporáneas y con una gama cromática en la que el azul aparece de forma constante, como si el océano se colara también en el interior.

Uno de los espacios más singulares se encuentra en la torreta de la antigua casa, donde lo que fue una pequeña capilla se ha convertido en un sorprendente cuarto de baño. Las vidrieras, conservadas como parte de su historia, llenan el espacio de luz y color y convierten una estancia cotidiana en uno de los rincones más especiales del hotel.

También tiene historia el gran piano situado junto a la entrada de los salones. Según cuenta el propio hotel, fue un regalo del mariscal finlandés Carl Gustaf Emil Mannerheim, que permaneció alojado allí durante una larga estancia en los años de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, decorado mediante la técnica del découpage, se ha convertido en una de las piezas más reconocibles de la casa.

Ese gusto por los detalles continúa incluso en la mesa. En el restaurante VISTA, las vajillas de la histórica firma portuguesa Vista Alegre cambian cada año y son elegidas personalmente por el director del hotel, Gonzalo Narciso dos Santos, demostrando que aquí la experiencia se construye también a partir de aquello que, a primera vista, podría parecer secundario.

El hotel cuenta con solo 38 habitaciones, todas diferentes y repartidas entre tres edificios, lo que refuerza esa sensación de intimidad que se mantiene durante toda la estancia.

Spa, mar y tiempo para parar
En Bela Vista no resulta difícil olvidarse del reloj. La piscina exterior se abre directamente hacia el Atlántico, rodeada de palmeras, mientras que el acceso a Praia da Rocha permite cambiar la tumbona por un paseo junto al mar en apenas unos minutos.
El bienestar tiene además un espacio propio en el spa L’Occitane, el único de la firma en Portugal, con unos 400 metros cuadrados dedicados a tratamientos y relajación. Cinco cabinas para tratamientos faciales y corporales, sauna, baño turco, piscina de inmersión y una zona húmeda crean el escenario perfecto para reservar un masaje y convertir el descanso en el verdadero plan del día.

Aunque tampoco es necesario quedarse dentro del hotel. El Algarve ofrece suficientes excusas para salir a descubrirlo, desde rutas de senderismo y excursiones en barco a las cuevas de Benagil o Ponta da Piedade hasta paseos por la costa, visitas a productores de vino, talleres de cerámica o catas de aceite.
La clave está en poder elegir cada día cuánto hacer y cuánto no hacer.

El Atlántico servido en la mesa
La gastronomía completa esa idea de escapada en la que todo gira alrededor del disfrute. Durante el día, BISTRÔ by VISTA, junto a la piscina, propone un ambiente más informal y una cocina de inspiración local, mientras que al caer la noche el protagonismo pasa a VISTA, el restaurante gastronómico del hotel.
Al frente está el chef portugués João Oliveira, que dirige sus fogones desde 2015 y mantiene una estrella Michelin desde 2017. Su cocina nace del territorio y, sobre todo, del mar, con pescados, mariscos, crustáceos y bivalvos del litoral algarvío como grandes protagonistas, acompañados de verduras ecológicas de la región.

El menú degustación VISTA funciona casi como un viaje gastronómico por la costa portuguesa, en el que cada plato interpreta de una forma contemporánea el producto local. El paisaje que se contempla desde las ventanas encuentra así una prolongación natural en la mesa, donde el Atlántico vuelve a convertirse en hilo conductor.
João Oliveira lleva además esa conexión con el territorio más allá del restaurante, organizando experiencias como visitas a mercados locales o jornadas de recogida de ostras que después terminan en la cocina, reforzando la relación entre producto, paisaje y gastronomía.

El lujo de tener tiempo
Bela Vista ofrece playa, piscina, spa, diseño, gastronomía, historia y naturaleza, pero quizá su verdadero lujo sea otro mucho más sencillo: permitir que durante unos días no haya necesidad de correr.
Porque cuidarse también puede consistir en despertarse frente al océano, caminar sin rumbo, reservar un masaje, descubrir una vajilla distinta cada temporada o sentarse a cenar mientras el mar continúa ahí fuera.
Y quizá sea precisamente eso lo que convierte a este rincón del Algarve en un refugio especial: la posibilidad de recuperar el tiempo y dedicarlo, simplemente, a disfrutar.
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