by Laura GªMorey
Por Laura GªMorey

Hay destinos que cargan con tópicos difíciles de romper, y Lloret de Mar probablemente sea uno de ellos. Durante años, su nombre ha estado ligado al turismo de sol y playa más popular, pero basta pasar unos días recorriendo sus caminos costeros, sus jardines frente al Mediterráneo o sus rincones históricos para descubrir que el municipio guarda muchas más capas de las que aparenta.
Porque sí, Lloret tiene playa, ambiente y verano, pero también tiene calas escondidas, patrimonio modernista, hoteles entre pinares, rutas junto al mar y una oferta gastronómica que invita a quedarse más tiempo del previsto.
Calas y rincones donde el ritmo cambia
La imagen más conocida de Lloret suele ser la de su gran playa urbana, aunque lo interesante aparece muchas veces al salir del centro. En pocos minutos el paisaje cambia y empiezan a aparecer pequeñas calas rodeadas de vegetación y roca mediterránea.
Una de las más bonitas es Cala Boadella, especialmente apreciada por quienes buscan un entorno más natural y tranquilo. El acceso, entre árboles y senderos, ya anticipa una atmósfera distinta a la del paseo marítimo principal. El agua transparente y el entorno hacen que sea una de esas playas donde el tiempo pasa mucho más despacio.
Otra parada imprescindible es Cala Canyellas, con un perfil algo más familiar y un pequeño puerto deportivo que aporta mucho encanto al conjunto. Desde aquí se organizan actividades náuticas como kayak, motos de agua o salidas en embarcación, aunque también es un lugar perfecto simplemente para sentarse frente al mar y disfrutar del ambiente.
Además, también se pueden alquilar pequeñas embarcaciones, con o sin licencia, una forma diferente de descubrir la costa y acceder a algunas de las calas más tranquilas de la zona.
Esta zona concentra algunos de los restaurantes más agradables del litoral. Gammarus, prácticamente sobre la arena, es una apuesta segura para comer arroces y producto del mar con vistas al Mediterráneo. Muy cerca, Sybius mantiene esa cocina sencilla basada en pescado fresco y recetas reconocibles que nunca falla.

Iglesia de Sant Romà, Lloret de Mar / Laura G.Morey
Jardines con vistas al Mediterráneo
Si hay un lugar capaz de desmontar por completo la idea preconcebida de Lloret, ese es probablemente los Jardines de Santa Clotilde.
Situados sobre un acantilado y alejados del bullicio, combinan arquitectura renacentista, esculturas y vegetación mediterránea con algunas de las mejores vistas de la Costa Brava. Pasear por sus caminos transmite una sensación inesperada de calma en uno de los destinos más visitados del litoral catalán.
Muy cerca aparece también la Ermita de Santa Cristina, uno de esos rincones que conservan una atmósfera mucho más pausada. La playa situada a sus pies refuerza esa sensación de desconexión total.
En esta misma zona se encuentra el Hotel Santa Marta, uno de los alojamientos históricos de la costa, rodeado de naturaleza y con acceso directo al mar.

Lloret de Mar, Jardines de Santa Clotilde / Laura G.Morey

Lloret de Mar, Jardines de Santa Clotilde / Laura G.Morey

Ermita de Santa Cristina, Lloret de Mar / Laura G.Morey
El Lloret más desconocido
Más allá del Mediterráneo, Lloret también sorprende por sus espacios interiores. Uno de los más especiales es Sant Pere del Bosc, un antiguo monasterio transformado en hotel boutique en plena naturaleza.
El entorno invita a parar sin prisas. Bosque, silencio y una sensación de aislamiento que cuesta asociar a un destino tan conocido. Su restaurante se ha convertido además en una escapada gastronómica en sí misma, perfecta tanto para quienes se alojan allí como para quienes simplemente quieren disfrutar del lugar.
Es precisamente este tipo de espacios el que ayuda a entender la evolución del destino hacia una propuesta más diversa y sofisticada.

Lloret de Mar, Hotel-Monasterio Sant Pere del Bosc / Laura G.Morey

Hotel Monasterio Sant Pere del Bosc. Lloret de Mar / Laura G.Morey

Restaurante Sant Pere del Bosc / Laura G.Morey
Caminar Lloret junto al mar
Una de las mejores maneras de descubrir la localidad es recorrer parte del Camino de Ronda que conecta Lloret con Fenals.
El paseo discurre junto al Mediterráneo entre vegetación, miradores y pequeñas paradas donde merece la pena detenerse. El recorrido comienza junto a la conocida escultura de la Dona Marinera, convertida en uno de los símbolos de la ciudad, que según la tradición, tocar su pie mirando al horizonte trae suerte.
A medida que el camino avanza, el paisaje se vuelve más abierto y aparecen algunos de los mejores miradores de la costa. Una parada habitual es el Café Banys, una terraza clásica donde tomar algo frente al mar.
El recorrido pasa también por el Castillo de Sant Joan, situado entre Lloret y Fenals, desde donde se obtiene una panorámica especialmente bonita de toda la línea de costa.

Estatua Dona Marinera, Camino de Ronda. Lloret de Mar / Laura G.Morey

Castillo de Sant Joan, Lloret de Mar / Laura G.Morey

Cala Banys, Lloret de Mar / Laura G.Morey
Entre modernismo y memoria indiana
Lloret también conserva una importante herencia vinculada a su pasado marítimo y comercial.
La llamada Ruta Indiana permite descubrir el legado de aquellos vecinos que emigraron a América y regresaron años después convertidos en empresarios y comerciantes de éxito. Muchas de las casas modernistas y edificios singulares del municipio nacen precisamente de esa etapa.
El Museo del Mar ayuda a comprender esa relación histórica con el Mediterráneo, mientras que espacios como Can Font muestran el lado más elegante y decorativo de aquella época.
Muy cerca destaca también la Iglesia de Sant Romà, uno de los edificios más reconocibles de Lloret gracias a su mezcla de estilos y colores, y para quienes disfrutan descubriendo lugares diferentes, el Cementerio Modernista ofrece una visita sorprendente por la calidad artística de sus esculturas y panteones.

Cementerio Modernista de Lloret de Mar / Laura G.Morey

Museo del Mar, Lloret de Mar / Laura G.Morey

Museo del Mar, Lloret de Mar / Laura G.Morey
Gastronomía, deporte y planes al aire libre
Lloret se ha convertido además en un destino muy vinculado al deporte y las actividades al aire libre. Senderismo, rutas ciclistas, snorkel, buceo, catamaranes o parasailing forman parte de una oferta cada vez más amplia.
El snorkel y el buceo son especialmente populares en zonas como Fenals o los alrededores de Avinguda Pau Casals, donde el agua transparente y los fondos rocosos permiten descubrir otra cara del Mediterráneo.
También hay espacio para propuestas familiares como Water World o circuitos de karting, mientras que los aficionados al golf encuentran varios campos en los alrededores.
En la parte gastronómica, más allá de los restaurantes junto al mar, el centro conserva bares y locales con un ambiente más cotidiano y local. El Bar Parada es uno de esos sitios sencillos donde tapear sin demasiadas complicaciones.
Y como ocurre en buena parte de la Costa Brava, el producto manda: arroces, pescado fresco, suquets y cocina mediterránea siguen marcando la identidad gastronómica del destino.

Arroces típicos de la gastronomía de Lloret de Mar / Laura G.Morey
Experiencias diferentes
Entre las propuestas más originales aparece el taller de alpargatas de Little Fish, dirigido por Noelia, una experiencia artesanal que permite conocer el proceso tradicional y llevarse un recuerdo diferente del viaje.
Este tipo de actividades ayudan a descubrir una versión más cercana y auténtica de Lloret, conectada también con la artesanía y el pequeño comercio local.

Taller de alpargatas artesanales en Lloret de Mar / Laura G.Morey
Una mirada diferente sobre Lloret
Quizá lo más interesante de Lloret de Mar sea precisamente esa capacidad para sorprender a quien cree conocerlo de antemano, porque detrás de la imagen más turística aparece un destino con patrimonio, naturaleza, gastronomía y rincones mucho más tranquilos de lo esperado. Un lugar donde se puede pasar de una cala escondida a un jardín frente al mar, de una ruta histórica a un paseo entre pinares o de una terraza animada a un hotel rodeado de bosque.
Lloret sigue siendo uno de los grandes destinos de la Costa Brava. La diferencia es que ahora también quiere mostrar todo lo demás.
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